Con este volumen cuarto y final de sus Mitológicas, Lévi-Strauss concluye la demostración -que tardará en ser repetida a semejante escala- de la fecundidad del análisis estructural aplicado a los mitos. Partida del área amazónica, la investigación concluye en el noroeste americano. Muchos resultados de intrés y provecho han sido adquiridos por el camino, pero acaso lo más valioso sea el balance final, rico en conclusiones de este tenor:
"Hay que tomar partido: los mitos no dicen nada que no instruya acerca del orden del mundo, la naturaleza de lo real, el origen del hombre o su destino. No puede esperarse de ellos ninguna complacencia metafísica; no acudirá al rescate de ideologías extenuadas. En desquite, los mitos nos enseñan mucho sobre la sociedades de las que proceden, ayuden a exponer los resortes íntimos de su funcionamento, esclarecen la razón de ser de creencias, de costumbres y de instituciones cuyo plan parecía incomprensible de buenas a primeras; en fin, y sobre todo, permiten deslindar ciertos modos de operación del espíritu humana, tan constantes en el correr de los siglos y tan generalmente difundidos sobre inmensos espacios, que puedan ser tenidos por fundamentales y tratarse de volver a encontrarlos en otras sociedades y dominios de la vida mental donde no se sospechaba que intervienensen, y cuya naturaleza a su vez quedará alumbrada. Visto así, mi análisis de los mitos de un puñado de tribus americanas, lejos de abolirlo, ha extrído más sentido del que reside en las insulseces y lugares comunes a que se reducen desde hace unos dos mil quinientos años las reflexiones de los filósofos acerca de la mitología, exceptuando las de Plutarco".
(JEO 304.2 L979 v4)

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