Salamina / dirección y edición María Soledad Reyna ; textos Carlos Arboleda González y Valentina Marulanda ; fotografía Antonio Castañeda Buraglia
Primero fueron los cielos infinitos, los mares abundantes, las altas montañas y los ríos tumultuosos. El espíritu de Dios flotaba sobre las aguas. Llegaron después los seres animados a poblarlo todo; y con ellos, radiante, apareció el ser humano, el cual abría caminos y esperanzas. La naturaleza estaba a su servicio, pero debía cuidarla, ella al tiempo intimidante. Así, el ser humano halló refugio en las cavernas y bajo las piedras inmensas.
(JEO 779.36 S159)
Comentarios
Publicar un comentario