Ningún libro transmite la sutil dulzura de la vida en San Francisco. Queda inadvertido, por ejemplo, el olor a sal de la niebla estival o el embriagador aroma del capuchino que se derrama en una fría y lluviosa tarde de invierno desde la antigua Tosca Cae en Culumbus; el tono preciso del humor obsceno del sur del mercado o el gemido a medianoche de una ambulancia en el valle de Eureka; y el momento exacto en que cae la primera gota de lluvia invernal o se desvanece la última brizna de niebla estival. Todo lo que este libro puede hacer es reflejar ciertas imágenes de la ciudad; imágenes que, sin ser necesariamente las que hemos visto, nos ayudan a revivir nuestros propios recuerdos una y otra vez.
(JEO978.461 H552)

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