La buena mesa es un regalo que enaltece el espíritu por su halago estético. Así lo he pensado al redactar este libro, así he querido realizarlo, mas sin apartarme un momento de cierta moderación en el presupuesto de gastos de familia, ni de los recursos naturales de nuestro país. He atendido, con empeño, a que los “menús” o minutas de mesa estén, en cada caso, ceñidos a las prescripciones de la fisiología, en lo que hoy se dice una alimentación equilibrada, en las normales proporciones de proteínas, grasas, hidrocarbonados, estimulantes como las vitaminas y aperitivos, sin olvidar la adecuada distribución de los platos, para que se sucedan en atractiva presentación y orden natural. Debo presentar excusas por el descuido voluntario de la aritmética y de la retórica, pues indicó los pesos y medidas en el lenguaje popular, lo que significa sólo una aproximación, para el mejor entendimiento de las cantidades; y en el estilo, me he visto obligada al uso de términos caseros y de frecuentes repeticiones, ya que lo importante en obras de esta índole es la buena factura de los manjares y no la sabrosa redacción literaria.
(JEO 641.5 H744)

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