Estos cuentos (muchos fueron publicados en "Esta y mis otras muertes" y "Agua de luto") conforman un fresco de pompas fúnebres que desde 1702 hasta 1972 muestra una ciudad siempre iluminada por un alba negra: Metrallín; esta aldehuela cuyos embriones se macomanriquean hasta alcanzar el diámetro de mi Manhattan del alma para demostrar que mi generación fue la primera que se asomó a los balcones del planeta del lenguaje. Porque para ser universal es necesario partir de aquí; de lo que conozco y me rodea, del brazo ala brasa, y comprender que en lo que existe entre la masa y la musa está la clave del secreto. El título bilingüe así lo demuestra con su juego, y el sonido de las armas de repetición que puebla los cuentos es un simple testimonio de la época homicida que me ha tocado vivir y me obliga a encontrar el aterrador encanto que para nosotros ha tenido la muerte, con un fondo musical que siempre se baila con la vida.
(JEO C863.6 E775)

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