El ayuno y la abstinencia se practican habitualmente en los más distintos pueblos y religiones con el fin de purificar el cuerpo y disponerlo para su relación con la divinidad. La Cuaresma, período penitencial institucionalizado por el Concilio de Nicea en el cuarto siglo de nuestra era, pertenece a esta clase de ascesis y desde entonces ha tenido especial relevancia en España, país donde la convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos permitió que se intercambiaran hábitos culinarios y originó una gastronomía muy rica y variada apenas conocida por los más jóvenes de nuestra sociedad. Las recetas seleccionadas por Raquel F. Morán para una especie de recetario que contuviera los secretos que nuestras abuelas atesoraban para el tiempo de abstinencia, dejan bien claro que la cocina de Cuaresma consiste en bastante más que el excelente potaje de garbanzos de los viernes y que el alto grado de refinamiento de sus platos la hace digna de ser degustada por agnósticos y creyentes.
(JEO 641.566 M866)

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