La comedia no busca una concepción bien definida de la condición humana y de los valores éticos, ni propone conclusiones de moral práctica, en la mayoría de los casos dichas conclusiones se limitan al terreno de los principios generales, sino que busca una purificación por el ridículo, una comunicación con el espectador, que se distancia de la acción mediante la risa, y para ello recurre a la pintura de excesos y extravagancias de toda índole, y por ende a una apología del sentido común. Si Orgón es un personaje ciego ante los manejos de Tartufo si Harpagón lleva la avaricia a extremos inconcebibles, si Argán resulta ridículo por su neurastenia, es ante todo porque el mecanismo de la comedia así lo exige. En definitiva, antes que las tesis morales hay que apreciar los aciertos técnicos de un creador escénico.
(JEO 842.4 M723)

Comentarios
Publicar un comentario