De cuando a los colombianos se nos sale ese Dios que llevamos adentro es que trata este libro. No están todos los que son, porque sería imposible.
Basta observar una flor para saber que Dios tiene talento. Los colombianos también lo tenemos. Un poco menos que Él, pero de cuando en cuando el mundo nos regala un gesto de aprobación. A veces también somos solidarios como Él —mi Dios le pague—; nos escudamos en su voluntad —si Dios quiere—; fingimos ser justos como Él —a Dios lo que es de Dios—; lo usamos como cómplice —lo juro por Dios—; es alcahueta —Dios, que mi mujer no se entere—; es indiferente —¿Dónde estás, Dios mío?—; es corrupto —Dios, si gano las elecciones te rezo cien rosarios y te hago una iglesia—; es asesino —"Si ojos tienen que no me vean, si manos tienen que no me agarren"—; tiene sentido del humor —"si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes"—; es terrorista —Dios también tumba aviones.
(JEO 070.44 D594)

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