Estos poemas, cuya elaboración abarca el último cuarto de siglo, no dan cuenta de lo que los medios han hecho aparecer como un agitado devenir plagado de transformaciones; no es posible, encontrar en ellos denuncia alguna sobre las iniquidades de este tiempo, ni, por suerte, vaticinan el final de nada distinto de los versos que lo componen, nada distinto al final de la vida del hombre que los urde en la soledad de un cuarto de donde no ha salido, por lo que tampoco designan nada que se desplace, salvo hacia adentro. Porque si asumimos que la presentación del libro corresponde a la cronología de su creación, podemos percibir que al poeta le interesan cada vez menos el entorno, la geografía, la época; y cada vez más el micro-cosmos en descomposición, reconociendo y casi reverenciando a esa pálida señora: la muerte.
(JEO 861.64 G283)

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