En Cartagena todo tiene un aire pretérito. Los monumentos, los paseos, las tiendas, los cafetines, se confunden en un todo de añejamiento, de lento transcurso. Es una ciudad detenida. Con algo de casbah o de encalazado zoco marroquí. Y, detalle verdaderamente curioso: no tiene, en su intimo latido. aire de puerto. Es una ciudad con psicología mediterránea. El mar hay que buscarlo como un objeto. La ciudad se nutre de silencio, se piensa a si misma en sus baluartes, en sus aljibes y en torres como un rezo. Es una ciudad de aire lucido, de húmedos rincones, de salitre adherido a la piedra como una costra de verdín y oro.
(JEO 770.98611 F143)

Comentarios
Publicar un comentario