En 1930, la idea de un mundo tomado por la tecnología solo podía servir de argumento a un libro de ciencia ficción. No era esto lo que pensaba, sin embargo, Aldous Huxley al escribir Un mundo feliz (1931), una novela de corte sociológico que prefigura la deshumanización y la tecnología como estandartes de una nueva condición humana. En Un mundo feliz Huxley muestra la eficacia de un estado totalitario en el que los jefes políticos y sus colaboradores gobiernan a una población de esclavos fabricados en serie, sobre los cuales no es necesario ejercer coerción alguna porque estos aman su servidumbre gracias a que se les suministra una droga llamada Soma que los mantiene en un permanente estado de dicha artificial, favorable al abuso y la imposición de modelos rígidos y únicos.
(JEO 823.8 H986)

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