En el final del siglo XX, Medellín vivió un tiempo excepcional: el periodo del narcoterrorismo. Fue un tiempo oscuro, con deterioro significativo de las instituciones y la sociedad, en el que la violencia se desdobló y el número de víctimas, contadas por miles, hizo figurar a la ciudad como la capital mundial de la muerte y el crimen. Las señas del estropicio empezaron en los años setenta y continuaron, más estridentes, en los ochenta. Pero pasó mucho tiempo antes de que se presentaran, de manera un tanto aislada, las primeras reacciones significativas. Era complejo porque no se trataba de un enemigo externo, sino de un fenómeno diluido en la sociedad, que movió riquezas nunca vistas y maleó la ley y la moral.
(JEO 070.449 S161)

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