El fenómeno del monacato, heredero de las aspiraciones filosóficas de ascetas y estoicos, surge entre los siglos III y IV en el Mediterráneo oriental, con el final del Imperio Romano. Por entonces Antonio, considerado el primer ermitaño, tomó la determinación de llevar una vida solitaria; el tiempo que Pacomio fundió el primer convento de monjes cuya vida en común está organizada según reglas muy concretas.
(JEO 271.00902 L735)
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