No busco escribir sobre cocina, no pretendo lo imposible. Menos si se trata de presentar un texto que no es propiamente un libro de cocina sino algo mucho más profundo y original. Más que un recetario, uno de los muchos que se guardan en los libreros hechos con tablones rústicos en la cocina de su casa la viñeta que adornaba de la primera edición, hecha por Pablo su hijo, reproduce uno de tales estantes, es un libro muy humano, en tanto que vincula dos dimensiones esenciales del hombre: lo espiritual y lo material, por sus partes quizá más significativas: la oración y la comida, o si se quiere ver, un libro que habla de dos tipos de alimentos indispensables para el hombre, los del cuerpo y los del alma. Conocí a Mercedes Gómez del Campo en la cocina de su casa, la primera vez que visité a su hija Margarita, quien ahora es mi esposa.
(JEO 641.566 Z392)

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