Esta novela corta, publicada en 1930, en plena madurez creativa del autor, gira alrededor de un personaje inolvidable, la Nardo, una chica del Rastro que muy probablemente está basada en alguien que conoció el propio de la Serna en el mercadillo madrileño. Una mujer fuerte, bella y...callejera. Una chica atractiva y deslumbrante, hija de las aceras de Madrid, que llamaba la atención, solitaria y altanera hasta que conoce a un chico muy especial y entonces... Una antihistoria de amor diferente, con chulos y chulapas modernos, desplantes, mucho orgullo y desparpajo, desamor, algo de realismo sucio y la dura vida de la calle madrileña. Una novela que a ratos parece posmoderna, de vuelta de todo, dura como la vida misma, que describe la calle de aquellos años. Una capa de la sociedad que no suele salir en las novelas. Los diálogos están bien reproducidos, la historia es creíble y el lector se siente transportado a un Madrid pobre, atrasado y polvoriento, que a veces parece extraño y a veces familiar. Una novela diferente y muy atractiva, para acercarse a un autor muy especial, único, que más allá de sus famosas greguerías, atesora mucha literatura en sus páginas.
(JEO 963.6 G569)

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