Hace mucho tiempo que la idea de escribir este libro me atraía sobremanera, pero tal vez la falta de estímulo y la timidez propia del que nunca se ha enfrentado a estas cuestiones de editoriales y demás zarandajas del oficio, me fueron desanimando, aunque no quitándome el deseo de hacerlo. Nació en mí esta aspiración, al darme cuenta de que cada día se iban introduciendo en nuestras recetas elementos extraños junto con cierto desdén por nuestras comidas; como un complejo de inferioridad que no permitía, en caso de una invitación a personas de otra nacionalidad o simplemente del interior del país, presentarle platos costeños. Estas cosas me indicaban que debía hacerse algo para reivindicar nuestra buena cocina y fuí poco a poco reuniendo las recetas en la esperanza de lograr la ocasión de que mis deseos pudieran cumplirse. ¡Y la chispa saltó! Un buen día en que, casualmente, nos encontramos Olga, Teresita y yo. Seguramente que como ellas tenían el mismo pensamiento, sin darnos cuenta hablamos del asunto.
(JEO 641.591861/R758)

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