Toda cocina revela un cuerpo al mismo tiempo que un estilo, si no un mundo. Cuando era niño tuve que entender el significado de la pobreza y los fines de mes de mis padres: me lo revelaban los huevos o las papas. O la falta de carne. En la mesa de un padre trabajador agrícola, el pescado era un lijo. No llenaba el estomago y nunca parecía oportuno. El provinciano solo dispone de comida someras y rusticas: los alimentos preciosos, especiales o delicados están ausentes sin crueldad. Reinan las féculas. Nunca falta en la mesa la sidra dura, amarga y casi imbebible. Olor a vinagre. Esta encerrada en la bodega, en toneles que contaminan todo con un pertinaz aroma a roble o castaño.
(JEO 808.83 M292)

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